Conocer este pequeño espacio de tierra llamado Asturias, es el objetivo con el que nace Semeyas de Asturias.

Escarpadas y abruptas montañas, frondosos bosques, rios, arroyos, cascadas, acantilados, playas y recónditas calas, configuran esta ancestral tierra de belleza indescriptible.

Conociendo, disfrutando, divulgando y colaborando en la medida de nuestras posibilidades, en la protección de sus espacios naturales, su flora y su fauna salvaje, contribuiremos a que generaciones posteriores, disfruten de esta tierra mágica, de este Paraíso Natural, que es Asturias.

Asturias, es en muchos casos el último refugio para muchas especies que caminan hacia la extinción.

Nuestra conducta cuando nos internemos en sus bosques, en la montaña no ha de ir encaminada solo hacia nuestro propio disfrute, sino a colaborar en defender la supervivencia de todos los seres vivos que comparten este espacio con nosotros.

Osos pardos, lobos, zorros, ciervos, rebecos, corzos, gamos, nutrias, etc. etc. , su existencia depende de como nos comportemos.

Solamente si respetamos sus costumbres, su hábitat natural, solamente así, tal vez mañana en la cumbre de una montaña, en un claro de un bosque podamos en compañía de nuestros hijos o de nuestros compañeros de ruta, mientras comemos un bocadillo, observarlos en todo su esplendor y compartir con ellos un momento único y mágico.



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domingo, 11 de enero de 2009

Las Foces del Pino

Las Foces del Pino es un angosto desfiladero de paredes casi verticales, cuya anchura en algunas ocasiones escasamente llega a los cinco, seis metros de ancho, formado durante siglos por la fuerza erosiva del río del mismo nombre, cuyas aguas discurren rompiendo en numerosos rápidos y pequeñas cascadas.
Están talladas en un gran bloque de caliza, justo donde la Peña Pando (1.731 m), extremo noroeste de la serranía de Fuentes de Invierno, se une con Peña Reonda (1.826 m), configurando el vértice suroccidental de la cuenca del río Pino que coronan, al Sureste, los Altos de Ruipinos (1.817 m) y La Cabritera (1.917 m).




El pueblo del Pino, situado en la carretera de acceso al puerto de San Isidro, entre las localidades Cabañaquinta y Felechosa, es el punto de partida de nuestra ruta.
Las calles del pueblo, las casas, hórreos y paneras, están casi completamente recubiertas de hielo y nieve.


A pesar de que el temporal de frío de esta última semana ya ha pasado y del soleado día que disfrutamos, las temperaturas son gélidas, por debajo de los cero grados.


Comenzamos la ruta cruzando el puente que atraviesa el río y que bajo los efectos de las intensas nevadas de los últimos días, ofrece una imagen espectacular.


Una vez cruzado el puente, tomamos una pista asfaltada que sale hacia la izquierda, hasta llegar a el "Molín de Peón", antiguo molino restaurado donde actualmente existe una piscifactoría.


Cruzamos el puente situado a la izquierda del molino y comenzamos a ascender por una camino de tierra.

Son las doce y media de la mañana, el tímido sol invernal es incapaz de derretir el hielo que cubre el suelo y al comienzo dificulta un poco la marcha.


Según vamos ganando altura, el hielo da paso a la nieve y en las zonas de umbría la sensación térmica desciende rapidamente.


Mientras continuamos nuestro caminar hacia las foces, nos encontramos con algún que otro “compañero” de viaje.

En las zonas de umbría, los arroyos están prácticamente helados.

El camino nos lleva entre praderas recubiertas de nieve, castaños, hayas y robles.


Pequeñas cabañas a un lado y otro del camino semienterradas en la nieve



La ruta esta perfectamente señalizada y no hay riesgo alguno de perdida.



En algunas zonas, sobre todo junto a las fuentes y zonas de umbría, el hielo se hace mucho más patente .



Aunque la capa de nieve va aumentando de grosor, aún oímos a cada paso que damos, el crujir del hielo bajo nuestros pies.



Tras una corta subida, ya se pueden avistar las primeras estribaciones de las foces.



El río, entre las grandes paredes verticales nos ofrece un primer y bello espectáculo.



Los castaños, hayas, robles, etc.., han ido desapareciendo según ibamos ganando altura, en las hoces, son pocas las especies que consiguen vivir entre las verticales paredes que las forman , destacando el tejo y el escuernacabras, que crece en las fisuras de la roca.


Seguimos por la margen derecha del río, remontando poco a poco, disfrutando del agreste y espectacular paisaje que nos rodea, hasta llegar a un puente por el que cambiamos al margen izquierdo .



En apenas diez , quince minutos, vamos dejando atrás las foces y se vislumbra ya al fondo , la majada del Fondil.




Acuciados por el frío, sin comida en su hábitat natural por las intensas nevadas, algunos animales salvajes, como este rebeco, se ven obligados a descender de las cotas más altas y son victimas de sus depredadadores naturales.

A su alrededor y en las cercanías , rastros de sangre, sus huellas y las de los lobos, delataban que no hacia mucho que había muerto , unas horas, tal vez un día, no más



En La vega del Fondíl, el sol da un respiro y la temperatura es mucho más agradable.


Aquí, la ruta se bifurca, se puede continuar hacia la derecha subiendo a Peña Redonda o bien a la izquierda, camino que nos lleva hasta la Campera de Caniella tras una corta pero intensa subida, desde, donde se contemplan cumbres como el Estobín, Puerta Faro, Peña Redonda, etc..., y desde allí llegar a Vegarada y continuar descendiendo hasta las Foces del río Aller



Nosotros dimos aquí por finalizada nuestra ruta, la nieve acumulada hacia arriba era mucha y el sol invitaba a comer tranquilamente.


Las capas de agua sobre unas de las escasas rocas libres de nieve, los bocatas y ........


a respirar de la naturaleza salvaje........


y de las bellas vistas.


Estamos en invierno , el sol esta mucho mas bajo que en otras épocas del año y rápidamente comienza a ocultarse tras las montañas, ahora si que la temperatura desciende a pasos agigantados, es hora de abrigarse y comenzar el regreso.



Descendemos, disfrutando de la impresionante naturaleza que nos rodea, mirando de vez en cuando atrás :


Casi al final ya de las foces, el termómetro marca cinco grados bajo cero.



En una hora aproximadamente llegamos al pueblo del Pino, que nos recibe con sus tejados cubiertos de nieve y calles heladas.


Solo queda un paseo por el pueblo hasta la carretera donde dejamos el coche, entre hórreos y el olor de la leña quemada en las chimeneas.




Declarado Monumento Natural por Decreto 43/2001

3 comentarios:

el viejo de las cumbres 13 de enero de 2009, 4:49  

Las imágenes son espectaculares, pero lo que más le gusta a este viejo montañero, es ver como practicais este maravilloso deporte en familia.

Seguir asi,feliz año 2009 y de corazón os deseo muy buenas rutas

Rodrigo 12 de marzo de 2009, 3:33  

La verdad me he llevado una grata sorpresa, menuda pagina, me encanta, entre buscando fotos de asturias y me encuentro con.....

De verdad muy buena

Jesus 9 de mayo de 2011, 13:26  

Una ruta bella y hermosa con la nieve y días cortos, en primavera tiene que ser deslumbrante y super atractiva con la naturaleza a rebosar. Las fotos dignas de todos los elogios pues esos días de invierno la luz es traicionera y la nieve rompe la imagen, pero has superado los inconvenientes y has conseguido unas imágenes espléndidas que muchos envidiamos no poder obtener. Felicidades por el excelente reportaje.

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